sábado, 2 de junio de 2012

carta abierta a mi tía





Cuántos buenos recuerdos me dejaste,
desde que era una niña los recuerdo como si fuera ayer;
la hermana pequeña de mi padre,
la que cuando yo pasaba los veranos en el pueblo
aún continuaba soltera con compromiso
y yo era participe en las horas de siesta mientras te acicalabas
para cuando llegara tu amor a recogerte por la tarde
y presumir de la novia que tenia mientras paseabais  por el pueblo.

Recuerdo como te pintabas las uñas y arreglabas el pelo
mientras yo me probaba tus zapatos de tacón (que me estaban enormes)
pero me gustaba tener
esos centímetros de altura con esos zapatos preciosos
(donde ponía mucho algodón en la punta
para poder colocar el talón encima de ese fantástico tacón)

Te casaste con ese pedazo de hombre
que tanto te quiere (todavía)
y te llevó muy lejos… yo pensaba:
“que suerte irse al extranjero"... (holanda)
 como si la luna allí fuera diferente;
Cuánto tuviste que trabajar y poder volver a tu tierra.
Y volviste con dos retoños.
Para entonces yo ya tenía mis propios zapatos de tacón,
pero seguía admirándote, porque la magia la tenias tu,
sin tacones, sin acicalarte…
eras tu la que brillabas con luz propia
y lo demostraste hasta el final, luchando por vivir,

Hoy nos visitó tu hija con tu nieto,
aunque te fuiste días antes de que el naciera
sé que lo conoces bien
y que cuidaras de él como hiciste con todos nosotros;
al verlo me acorde de ti (aunque lo hago a menudo)
y se me quedaron tantas cosas por decirte
que quiero enviar esta carta por si pudieras leerla.

Todavía estas con nosotros
y te recuerdo siempre con tu sonrisa,
porque no la abandonaste nunca…
ni en el final.
Nunca podré olvidar tu paso por mi vida.

A veces no sabemos el verdadero valor del momento hasta que se convierte en recuerdo



 
Llevo unos días recordando a mi abuelo paterno, cuántos recuerdos me dejó!!!… hablaba muy poco y ofendía menos todavía, lo recuerdo con su boina a juego con la sonrisa, siempre puestas las dos y los ojos entre medias, con mirada chispeante  que parecía hablarte, por eso le sobraban las palabras; traía piñas “piñoneras” cuando volvía del campo y yo sentada a su lado sacaba los piñones mientras él los partía para dármelos pelados (no he vuelto a probar piñones con mejor sabor que aquellos, ni con la misma “magia”)…y de mi abuela, siempre con un moño puesto color gris; se ponía una brillantina en el pelo, de un tubo color azul marino (todavía percibo el olor); también recuerdo su perfil en el corral cuando se miraba en un trozo de espejo incrustado en la pared de adobe, mientras se peinaba dándole ese baile de media vuelta a su muñeca para hacerse el moño y con el sol asomando por las tejas… 
El tiempo transcurre...los seres queridos nos dejan y los recuerdos perduran, afortunadamente!!!